Una acción por México

Muchos estamos de acuerdo en que nuestro país no está bien. Lo vemos todos los días en los noticieros, periódicos, revistas y en las redes sociales; están llenos de mensajes de las cosas negativas que suceden en México: narcotráfico, asesinatos, corrupción, malos políticos, mediocridad en todos los sentidos. Yo mismo he contribuido, en pequeña escala, a aumentar ese ambiente pesimista por medio de una serie de mensajes en Internet que solo expresan molestia  por lo que sucede a mi alrededor.

Ahora pienso que es una lástima que solo actúe de esa manera cuando  puedo y quiero hacer algo más que únicamente quejarme. Ese uno de los  problemas de fondo en México: solamente nos quejamos y no nos exigimos. Nos limitamos a señalar lo que está mal y queremos que otros vengan a resolver nuestros problemas. Así no saldremos adelante. Es muy difícil para nosotros aceptar las críticas, es más fácil indicar las fallas ajenas; pero por ahí debemos empezar, aceptar que mucho de lo que hacemos mal es nuestra responsabilidad y no culpa de nuestros gobernantes. Es raro escuchar, en este mar de malas noticias, ideas para trabajar bien o para ser mejores ciudadanos. Sin embargo, reconozco que en México también existe gente que hace cosas positivas todos los días y con sus acciones y resultados concretos, logra mejorías para nuestro país. Pero hace falta un mayor esfuerzo, la situación que vivimos es complicada y requiere que todos empujemos para cambiar nuestro futuro.

Se ha escrito que los mexicanos tenemos una seria falta de visión para el bien común, que nuestro egoísmo se antepone al desarrollo de México. Pero yo creo que esa falta de visión de bien común no debe ser un obstáculo para el progreso de nuestro país; estoy convencido de que las acciones individuales pueden ayudar a enderezar el camino. Es hora de tomar acción, con sentido de urgencia, si queremos que México sea mejor.  La opción es de cada uno de nosotros. ¿Qué puedo hacer para ayudar a México? ¿Cómo lo hago?

foto: Liliane Mendoza Secco

Desde este espacio propongo iniciar una campaña: Una acción por México. Hoy haré algo, una acción en mi entorno, no importa si es pequeña o grande, haciéndola lo mejor que pueda y con actitud positiva. Que no sea solo una buena intención, sino hacer cada día una acción diferente: ayudar a algún compañero de trabajo, no tirar basura en la calle, saludar a mis vecinos, no abusar de un cliente, ser cordial en el tráfico, por mencionar ejemplos. Y todos los días continuar las acciones de los días anteriores, más la nueva del día de hoy. Estoy seguro de que sumando acciones diferentes a lo largo del tiempo y reuniendo personas que se sumen a este esfuerzo, se logrará un cambio en México. Es una buena manera de construir, o mejor dicho, reconstruir nuestro país. Se requiere el conjunto de muchas voluntades y acciones, pero sé que si nos unimos y difundimos esta idea,  podemos lograr mucho más de lo que imaginamos. Esta es una campaña que requiere de un esfuerzo individual, pero en donde todos, de manera consciente,  podemos hacer algo por México.

No importa en dónde estemos, dónde trabajemos o estudiemos, todos tenemos la capacidad de hacer pequeñas acciones que sumadas logren hacer que nuestro país sea cada día mejor.

Una acción por México. Yo comienzo hoy. Tú ¿cuándo empiezas?

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El jardín de la nostalgia.

Existe un lugar un enorme jardín, sin flores, sin personas. Es una gran extensión, cubierta de pasto y con árboles dispersos.

¿Dónde está? No lo sé y sin embargo, en algún momento de mi vida, sin mapas o estrellas que me sirvan de guía, mis pasos me llevarán a él.

En algunas ocasiones es  un camino que se recorre con un lento andar, un sendero lleno de esperanzas cumplidas y sueños alcanzados. Un camino tranquilo, en el que cada paso se da sin miedo, sin angustia, porque no se dejan atrás páginas en blanco, no se guardan palabras sin compartir, ni llevo añejos rencores.

Pero a veces, un sorpresivo golpe me impacta sin posibilidad de defensa, abriendo de manera repentina un atajo que me lleva, sin desearlo, a ese lugar. La pérdida abrupta de alguien tan cercano que mi alma queda herida. Un vacío que me deja sin espacio de serenidad, sin esa paz que encontraba a su lado cuando la necesitaba. Dolor causado por una tonta idea: seguramente regresará su sonrisa algún día acompañado por la triste realidad de que jamás la volveré a ver. Una herida sin razones, causada por una muerte que no acepta tregua ni espera.  Un desgarre en el alma que  me lleva, sin desearlo, al jardín de la nostalgia.

Recuerdos, pasos, árboles, horizontes lejanos; ahí estaré, con una dispersa y confusa mezcla de sentimientos, mezcla tan compleja que no tendría manera de definir exactamente que sucede. Sentimientos de toda una vida acumulados en un solo lugar tan vasto que jamás podré recorrer esos pastizales completamente. El  jardín que será distinto cada vez que ponga mis pies en él porque en cada ocasión el camino será diferente, me llevará a otro lugar del mismo jardín, pero en donde existe la manera de aliviar el dolor y con tiempo para encontrar de nuevo la alegría extraviada en una repentina burla de la vida.

Tengo la fe de que, en cada visita,  pueda encontrar algunas piezas perdidas del rompecabezas de la muerte,  de mi futura muerte; piezas que me  ayuden a entender  las profundas razones de la existencia del jardín de la nostalgia.

Y al final, en ese lugar, siempre me asalta una egoísta y estúpida pregunta: ¿Quién llegará a este jardín pensando en mí?…

Ausencia

Días extraños sin tu sonrisa en la casa, extraños pero no tristes. Te parecerá raro, pero para mi son días alegres porque sé que tu sonrisa, aunque lejana, es ahora mucho más contagiosa y profunda de lo que era hace un año. Una sonrisa que cruza océanos, rompe distancias y llega hasta nuestro hogar, inundándolo  de una manera tan especial que consigue llenar el vacío de tu ausencia. 

Pero si debo ser sincero contigo, esa sonrisa es lo que más extraño. Sé que eres muy feliz, que estás muy contenta pero a ratos eso no me basta,  en algunos momentos me  hace falta ver tu sonrisa frente a mi. A veces te extraño demasiado y no solo tu sonrisa, sino todos esos pequeños detalles que compartimos en nuestra vida: bromas, conversaciones, juegos, discusiones, buenos y malos momentos que vivimos juntos. Pero ese sentimiento es  solamente una pequeña melancolía, que se va tan rápidamente como llega. Se va porque estoy seguro que aún nos falta mucho más por vivir, aún tenemos muchas cosas para disfrutar en el futuro, juntos.

Ya casi un año en esta aventura que está a punto de terminar, pronto regresarás a casa.  Cada día de este año fue muy especial; para ti porque lejos de casa te has demostrado todo lo que puedes lograr, para mí porque cada uno de esos días me han permitido darme cuenta de lo que eres, de cuánto te quiero, de cuánto te extraño…

Cuidemos nuestro idioma.

¿Pueden leer esto?:  Xfa = xFB o x BBmsg

Sí, soy ingeniero pero esto no es una ecuación. Es un texto y significa:  Por favor, es igual por Facebook o por Blackberry Messenger.

Este artículo tiene que ver con los mensajes que leo todos los días, tiene que ver con la escritura. La escritura tiene un uso tan común en nuestra vida que es fácil olvidar que se trata de uno de los pilares de nuestra cultura y posiblemente ese olvido sea una de las causas del alto grado de descuido con el que escribimos.

Este  descuido lo corroboro cada vez que leo los mensajes que llegan a mi cuenta de Twitter, a mi correo electrónico y a otros medios electrónicos que tengo para comunicarme. En muchos de ellos encuentro una gran cantidad de faltas de ortografía y errores de redacción. Tal vez piensen que exagero, pero vean lo que leí en Twitter:

sta mbna pro lo q noc es pq la sgte tnia k ser =!!!!

Les aseguro que no lo inventé. Cuando  vi ese texto me di cuenta de que algo anda mal en el uso del español. Llegué a la conclusión de que esas faltas se pueden agrupar en dos grandes grupos: las que se originan por un desconocimiento absoluto de las reglas básica de la Lengua Española y las que son causadas por querer escribir los mensajes de una manera más condensada, sea por flojera o por un intento de evitar un prematuro desgaste del teclado de la computadora o del teléfono.

Las fallas del primer grupo se pueden remediar con un poco de disciplina personal.   Es cuestión de tiempo y de leer más para recordar lo aprendido en la escuela primaria. Sin embargo, la triste realidad es que existen profesionistas que llegan a escribir en un grado vergonzoso, tanto en ortografía como en redacción básica. Recuerdo tiempo atrás, siendo profesor de la carrera de Ingeniería Civil, que mientras revisaba el examen escrito de un alumno conté más de treinta faltas de ortografía en una sola página, incluyendo una en su nombre. Cuando le entregué su examen y su calificación – reprobado – el joven trató de que yo cambiara su nota, alegando que era una prueba de conocimientos técnicos y no del idioma español. Mi respuesta fue que un ingeniero civil con esa falta de preparación básica era una deshonra para nuestra profesión.

Creo que este alumno, como muchos otros, nunca entendió el mensaje, porque yo sigo recibiendo correos de licenciados, ingenieros, doctores y demás profesionistas en los que abundan groseros errores ortográficos. Otros que recibo tienen una redacción tan pobre, como aquellos sin un solo signo de puntuación, que me han llevado a pedir aclaraciones al autor para poder entender sin confusión el mensaje del texto. Esto me hace pensar que muchos “profesionales”, además de no saber escribir bien, tampoco leen; porque una pequeña dosis  de lectura diaria tiene el efecto secundario de ayudar a escribir mejor.

El segundo grupo – los mensajes con textos “abreviados” – son un problema más profundo, porque está deformando el idioma de una manera, digamos, un poco bárbara. Ejemplos: “ke” (que),  “q” (que), “pq” (porque), “tmbn” (también), “cmo” (cómo), “bno” (bueno), y una larga lista. Otro error muy común es el mal uso de los signos de interrogación y exclamación. Se elimina el signo que abre la oración escribiendo  solamente el que cierra, como en el idioma inglés. La Real Academia Española es muy clara al respecto: A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en los enunciados interrogativos o exclamativos.

Yo también tengo fallas en ortografía y redacción. Soy de los primeros pecadores en esa lista. No estoy libre de culpa y he recibido varias pedradas por ello; pero desde aquí no quiero lanzar una piedra sino una esperanza. Espero que mis tres lectores me ayuden a cuidar nuestra lengua. En la medida de nuestras posibilidades tratemos de hacer un buen uso de nuestro idioma en todos los textos que elaboremos, no importa si es un pequeño mensaje de telefonía celular o un reporte de trabajo.¿Es tan difícil escribir bien el idioma español? No lo creo. Lo difícil es frenar la pereza física y mental que lentamente ha comenzado a deformar nuestro idioma. Porque creo que el problema en el fondo es ese: la flojera. Despertemos. ¿Me ayudan?

Flechas al aire

La alegría de un niño fue rota por algo que él no conoce; sombras que alejan la luz de lo que podría ser y que nunca será.

Sonidos de una opinión que creemos que esos pequeños oídos nunca escucharán pero que de alguna manera logran entrar en su mente. Las palabras que nunca debimos decir son como martillos, rompen con el suave murmullo de una voz  el cristal de la copa que está sobre la mesa. Miles de pedazos, es lo que queda de esa copa; cientos de cristales de ilusiones que no se pueden reunir de nuevo. La copa quedó rota y lo único cierto es que ahora no puede contener lo que pudo estar ahí.

Pequeñas conversaciones, frases que se dicen si saber a dónde llegarán, son flechas que se lanzan al azar y siempre hacen blanco en el corazón más débil. El arco quedó en el piso, las flechas están tan lejos que no alcanzamos a ver el daño que hicieron; el sentimiento ajeno fue golpeado.

La herida quedó abierta pero nadie se dio cuenta. Algún día, cuando el charco de sangre sea tan grande que no pueda ser escondido, otros la verán y tal vez sea muy tarde para intentar cerrarla sin causar más daño. La herida quedará abierta hasta que un dolor más grande la pueda sanar y de todas maneras quedarán las cicatrices molestando toda la vida.

Ideas, frases, palabras, flechas que lanzamos sin darnos cuenta, ¿Qué copas romperán?…

¿Por qué escribo?

Hoy termine otro cuento,  el proyecto sigue avanzando. Con tropiezos, uno que otro bache que obligan a pequeños desvíos, pero el proyecto sigue.

¿Por qué escribo?, hace poco leí un artículo en El Semanal del diario El País,  http://bit.ly/fC59VB , en donde se hace esa misma pregunta a varios escritores;  todos dieron su respuesta, con ideas diferentes, algunas sorprendentes  y otras tremendamente crudas por su franqueza – Vivo de eso, es mi trabajo – . Pero todos tienen alguna razón para hacerlo.

¿Cuáles son mis razones? ¿Por qué escribo?  Tal vez porque quiero que alguien me lea; es compartir con otros mis alegrías, mis temores, mis tristezas. Posiblemente de esta manera haré que las tristezas desaparezcan y lograré que mis alegrías sean eternas. Se que es una falsa ilusión, las tristezas no son eternas y las alegrías son destellos en el tedio de la vida; pero no importa que eso sea o no verdad, lo que importa es lo que creo y lo que hago. Para mi, es importante escribir, aunque en el fondo no encuentre una razón lógica para ello.

Al escribir en este blog permito que un extraño se de cuenta de lo que siento, es un acto un poco fuera de lo normal. Es una apuesta sin sentido ya que en el momento que otra persona lea estas líneas es casi seguro que nada cambiará en mi vida, es más, ni siquiera me daré cuenta cuando otros ojos pasen por aquí. Y,  a pesar de eso  lo seguiré haciendo,  seguiré escribiendo;  porque al final del día solo quedará la eternidad de mis recuerdos.