Juego perverso

 

Publicado en Avenida Digital 3.0 el 27 de junio de 2013.
http://www.avenidadigital30.com/guerita-guerita/
 

 

Sonó el teléfono en la oficina, al contestar escuché la voz de mi mejor cliente. Él estaba enojado, supe entonces que ese día comenzaba con problemas. Me comentó que casi no había gente en la obra —nosotros construíamos una ampliación de su fábrica—, realmente estaba muy molesto porque quería comenzar a producir lo antes posible.

Salí rápidamente a la obra, como el ingeniero residente no me había reportado esa anomalía pensé que no era tan grave. Al llegar pude verificar que mi cliente tenía razón, faltaban muchos de nuestros trabajadores, la situación era delicada.

—¿Qué pasó aquí? ¿Dónde está la gente? —pregunté a mi residente.

—No tengo la menor idea, pero ahora le llamo al maestro Toño, la gente que faltó hoy la trajo él —respondió y dio media vuelta para ir en busca del maestro.

Cuando regresaron, el maestro Toño acompañaba a mi residente con una actitud totalmente desinteresada, parecía que no le importaba lo que pasaba en la obra y el gran compromiso que teníamos.

—¡Buenos días maestro! Me puede decir dónde está su gente —le dije molesto.

—Mire inge, para que le digo mentiras… mi gente se fue a una manifestación.

—¿Cómo? ¡No sabe que la fecha de terminación está muy próxima y esta fábrica necesita comenzar a operar!

—Pues sí inge, pero mi gente vive en un terreno que nos dieron chance de invadir y si no van creo que nos podemos meter en problemas. Además, les dan dinero por asistir, más del que les pagan aquí por día. ¿Qué quiere que haga?

Lo miré incrédulo, no supe qué contestar.

Existen más de 50 millones de pobres en México (cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social en su Medición de Pobreza 2012) y, de estos, 11.5 millones están en pobreza extrema. Es cierto, existe la obligación moral de ayudar a este último sector, no debemos cerrar los ojos frente a sus grandes carencias. Contra la pobreza extrema se tiene que actuar con rapidez, sobre todo en apoyos de salud y alimentación, pero sólo dar no soluciona nada; al contrario, puede abonar el árbol de pobreza para crear un tronco cada día más fuerte, más difícil de derribar. Por eso la cuestión de fondo es cómo damos esa ayuda

Las personas se acostumbran rápidamente a lo fácil. Hemos creado en nuestro país, a lo largo de muchos años, la costumbre de estirar la mano para comer. El resultado es que tenemos un gran porcentaje de la población con vocación de limosneros, creada a lo largo del tiempo por gobiernos cuyo interés es que las personas los perciban como proveedores y no como verdaderos servidores públicos.

En diferentes gobiernos, a nivel federal y estatal, el combate a la pobreza se ha caracterizado por regalar cosas, dar apoyos sin ningún compromiso del que recibe; hacer esto es tirar el dinero a un pozo sin fondo. Desde el punto de vista electoral se puede entender esta manera de ayudar a los pobres. Se forja en ellos la idea de que el Gobierno es el protector que suministra todo, que tiene la obligación de dar y, al mismo tiempo, se genera el miedo que un gobierno diferente no continuará regalando limosnas. “Si no votas por mí perderás lo que te estoy dando” es el mensaje en este manejo de la pobreza. Se garantiza así que esa población siga votando por el partido en el poder y se tiene su control por medio de la pobreza. Una política miserable, que se sirve de la miseria para perpetuarse en el poder.

Foto por Liliane Mendoza Secco
Foto por Liliane Mendoza Secco

A la gente en el poder no le conviene que las personas salgan de sus carencias por medio de su trabajo, de su esfuerzo; ya que perderían la manera de controlarlos. Y también por esa razón no se brinda una educación de calidad a los niños, porque una conciencia educada y formada es libre, es capaz de decidir y no es dependiente. Los pobres son el mejor soporte para mantener esta egoísta clase política mexicana, mientras el gobierno regale limosnas ese gran porcentaje de la población no juzgará, no criticará, no votará por otro.

Es un juego perverso, en el cual a los gobiernos no les interesa promover las condiciones para que la miseria se extinga con trabajo, con creación de riqueza. Le conviene que los ricos sigan generando riqueza y pagando impuestos para, con ellos, dar limosnas a los pobres y también sacar bastante “en provecho propio”. Los empresarios con baja conciencia de justicia —aclaro que también existen empresarios y políticos honestos y justos, pero no son mayoría— también se benefician de este juego, ellos tienen mano de obra barata que no exige mejores condiciones de trabajo y de vida.

Existen casos de gobernadores que desaparecen dinero del presupuesto de su Estado, diputados y senadores que se reparten bonos, dietas, viajes y demás privilegios, líderes sindicales con fortunas absurdas, empresario que explotan a sus trabajadores; a ninguno de ellos les importa realmente acabar con la pobreza en nuestro país. Les importa su permanencia en el poder para seguir con su vida privilegiada. La prueba contundente de esta falta de interés es que la miseria no ha disminuido de manera significativa en ninguna entidad de México, sin importar el partido político que la gobierne.

No creo que, en tanta inteligencia que existe en México, no exista la capacidad de crear programas y condiciones para que las personas salgan de la miseria por medio del empleo, de la educación, de la creación de riqueza y su justo reparto. Claro que sí tenemos esta capacidad, pero también se existe una gran interés en mantener la situación actual, interés en poder manejar a los pobres con fines de lucro político, en continuar con el sistema que permite a los políticos, líderes sindicales y empresarios mantener este juego perverso.

La realidad es que no podemos seguir en este juego. Desde donde estemos, hagamos que nuestro trabajo y nuestro conocimiento generen mayor riqueza y que esta sea distribuida de manera justa. Todos podemos hacer mucho más que dar limosnas. Debemos darnos prisa porque otros ya se están aprovechando de esta pobreza para fines aún más perversos, fines criminales que cortan toda esperanza de vida justa y tranquila en México.

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